Mostrando entradas con la etiqueta Baffo Banfi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Baffo Banfi. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de febrero de 2024

Origen de la spacemusic

Ya hemos documentado la atracción de los músicos por el universo; dedicamos un artículo a las composiciones clásicas inspiradas en el cosmos, y un par más a sintonías electrónicas y música de librería. Por tanto, sabemos que la relación del universo con el arte es algo que ya sucedía mucho antes de la era espacial. Hoy veremos qué circunstancias se dieron para crear este género que tanto nos fascina.

De la música clásica se destilan varios factores. El primero es la intencionalidad de describir una sensación. No me refiero a una epifanía mística o un estado melancólico al observar cierta región estelar. Hablo de las composiciones que intentan evocar la magnitud de los fenómenos astronómicos. Es algo que se produjo sobre todo en la época romántica y la música programática. El Amanecer de Strauss, El Ocaso de Nielsen o La Luna de Dvorak. Pero ya antes, Joseph Haydn compuso el oratorio La Creación tras conversar con el astrónomo William Herschel y escuchar el portentoso uso del órgano en las piezas de Handel. Haydn empleó la técnica de pintura tonal, que consiste en componer música que refleja el sentido literal del texto cantado o la historia en la que se basa. Es una técnica que se remonta al canto gregoriano, pero, como vemos, usada hasta entonces bajo el fuerte influjo de la religión y la espiritualidad.

Otro factor heredado es la tendencia a la grandiosidad. El carácter sinfónico de algunas piezas cósmicas nos recuerda a grandes obras clásicas. De hecho, hay una clara tendencia de algunos músicos de la era espacial hacia las composiciones orquestales.

Hay un precedente del que también hablamos en el episodio de la música clásica. Se trata de la espacialización del sonido. El concepto de música espacial (Raummusik) se introdujo en 1928 en Alemania, en un artículo escrito por Robert Beyer. El término espacialización estaba relacionado con la música electroacústica para denotar la localización y movimiento de las fuentes sonoras en el espacio físico. Aunque está presente en la música occidental desde los tiempos bíblicos en forma de antífona, es a partir de los años 30 cuando se considera un componente específico de las nuevas técnicas musicales. Es obvio que no posee el mismo significado que la música espacial que nosotros reivindicamos, pero sí que hay una conexión en cuanto a una concepción del sonido diferente a la habitual. El músico empieza a considerar las técnicas de composición y grabación como parte de la propia música. El estudio se convierte en un instrumento.

El empleo de equipos electrónicos para crear nuevas sonoridades o manipular grabaciones empieza a normalizarse en la década de los años 30. Compositores como Edgar Varèse, Pierre Schaeffer y Pierre Henry impulsaron el equipo electrónico en el estudio. Nacía la música concreta y las vanguardias musicales. Irrumpían con fuerza instrumentos como el Theremin, el órgano Hammond y el Ondes Martenot. Pero todo esto se detuvo con la Segunda Guerra Mundial, e incluso antes. El nacional-socialismo consideró estas tendencias como decadentes y antialemanas. Desde la llegada de Hitler a la cancillería se inició una persecución de los músicos judíos que estaban introduciendo en el país el jazz, el swing y la experimentación de vanguardia. Tachaba esos estilos como música degenerada, contraria a los altos valores heroicos y patrióticos de la música clásica alemana. Sabía del gran poder de la música como una buena manera de influir y seducir a las masas. De ese modo comenzó una purga que fue bien acogida por otros músicos que se vieron gratamente beneficiados. En 1935 el proceso ya se había consolidado, y no fue hasta quince o veinte años más tarde que volvería a revertirse.

Durante la guerra, algunos compositores se exiliaron a Estados Unidos y continuaron desarrollando sus inquietudes artísticas, pero con tendencia al neoclasicismo, dado el sentido tradicionalista que habitaba en la población nativa por entonces. También hubo avances importantes en el campo tecnológico, como la corriente de polarización (bias) que mejoró notablemente la calidad de las grabaciones magnéticas. Esto sería crucial para el posterior desarrollo de la música concreta.

Entre 1950 y 1967, el Gobierno de Estados Unidos derivó grandes recursos a un programa de propaganda cultural en Europa occidental. Éste se realizó con gran secreto por la Agencia Central de Inteligencia: la CIA. El bloque principal de esta campaña encubierta fue el Congreso por la Libertad Cultural. Eran los años más tensos de la guerra fría y sus logros fueron considerables, empezando por la propia duración del mismo. En su mejor momento, el Congreso por la Libertad Cultural tuvo oficinas en 35 países, contó con docenas de personas contratadas, publicó artículos en más de veinte revistas de prestigio, organizó exposiciones de arte, contó con su propio servicio de noticias y de artículos de opinión, organizó conferencias internacionales del más alto nivel y recompensó a músicos y otros artistas con premios y actuaciones públicas. Su misión, bajo la tapadera de la desnazificación cultural de Alemania, consistía en apartar sutilmente a la intelectualidad de Europa occidental de su prolongada fascinación por el marxismo y el comunismo, a favor de una manera de ver el mundo más en sintonía con “el concepto estadounidense”. La verdad es que las revistas tenían un fuerte sesgo proestadounidense, rayando el panfletismo, pero se logró reunir en ellas un gran número de intelectuales que, de otro modo, nunca habrían trabajado juntos.

En el ámbito musical se concedían importantes becas a compositores exiliados como Andrzej Panufnik o Georges Enesco; se obsequiaba a personalidades como Wilhelm Furtwängler o von Karajan con representaciones de primer nivel sin importar su moral contradictoria. Parecía fácil comprometerse cuando convenía. Al mismo tiempo se promovían actuaciones del Yale Glee Club, un coro de estudiantes universitarios con el que se pretendía probar «la tremenda importancia de las artes en el programa de las universidades como antídoto contra el colectivismo». En 1946, el gobierno militar norteamericano, a través del consejero Wolfgang Steinecke, organizó los Cursos de Verano de la Nueva Música de Darmstadt. Esta audaz iniciativa casi acabó en disturbios después de que la nueva y radical música provocara un desasosiego que degenerase en abierta hostilidad. Hubo críticas al excesivo papel otorgado a la música dodecafónica. Era opinión general que el curso del año siguiente debería ser más variado. En cualquier caso, durante la década de los cincuenta, el alumno destacado Pierre Boulez impuso la estética musical de la vanguardia serialista. Esa sensación mecánica y cerebral se asoció al centro como un término sectario y despectivo. Darmstadt, por supuesto, habría de convertirse en pocos años en bastión de la experimentación vanguardista en el campo de la música.

En 1951, un joven Karlheinz Stockhausen se matriculaba en los cursos de verano de la Darmstadt. Allí conoció a autores dodecafónicos y tuvo contacto con el serialismo. Viajó a París para asistir a un curso con Messiaen, donde conoció a Iannis Xenakis. Al regresar a Alemania inició una colaboración con el Estudio de Música Electrónica de la Radio Oeste de Colonia, en el puesto de asistente del director Herbert Eimert. Ambos publicaron, entre 1957 y 1968, la revista académica Die Reihe (La serie). Gracias a ella consolidaron sus proyectos y perfiles académicos, a través de unos contenidos que consistían en sus trabajos personales y los de los colaboradores del estudio.

Stockhausen fue alumno en la universidad de Bonn de Werner Meyer-Eppler, fundador de ese mismo estudio y reputado fonetista. En 1962 sucedió a Eimert como director del mismo. También empezó a impartir cursos en Darmstadt, donde antes ya realizara piezas electrónicas inspiradas en la aleatoriedad promovida por John Cage. Allí recibieron sus clases músicos que más tarde formarían Jefferson Airplane, Grateful Dead, Can y otros integrantes de bandas de krautrock.

Desde ese momento su popularidad fue creciendo. Su nombre se identificaba con las composiciones mixtas, desplazando incluso a los precursores de la música concreta. A Stockhausen se le atribuye el primer uso de la etiqueta música espacial como el que nosotros entendemos. Postuló una primera división entre Música Concreta, Música Electrónica en Cinta y Música Espacial con los parámetros de localización volumétrica. Pero en 1967 admitió que había quien aseguraba que su música sonaba como desde el espacio exterior o una estrella distante; había quien se sentía viajar a la velocidad de la luz o permanecer inmóvil en la inmensidad del universo. Algunas de sus obras, no todas electrónicas, estaban inspiradas en el cosmos; y músicos de todos los estilos, como Miles Davis, lo reconocieron como una de sus influencias.

En otros países también se potenció el uso y estudio de la electrónica aplicada a la música. En Francia, en 1949, Pierre Henry y Pierre Schaeffer fundaron el Groupe de Recherche de Musique Concrète. En 1958 se refundó como el Groupe de Recherches Musicales (GRM) para la radio nacional francesa. Entre sus actividades destacan la producción de programas, investigación sonora y conservación del patrimonio sonoro. Uno de sus ilustres invitados fue el propio Jean Michel Jarre.

En 1957, el sintetizador RCA Mark II se instaló en los estudios del Centro de Música Electrónica de Columbia Princeton. Este sintetizador, que ocupaba toda una habitación, fue el primero programable (mediante tarjetas perforadas) y contaba con un secuenciador que atrajo a los músicos cansados de cortar y empalmar cintas magnéticas. También posibilitó a los músicos dodecafónicos ejercer un control sin precedentes sobre las composiciones debido al grado de precisión y complejidad rítmica difícil de conseguir con instrumentos acústicos. Esta precisión, como marca del progreso estético generó grandes expectativas para el RCA Mark II y contribuyó a una mayor conciencia de la música electrónica como nueva forma de arte viable.

En 1958 se creó el BBC Radiophonic Workshop, en el Reino Unido, con similares características al GRM. Se multiplicaban los estudios de investigación musical por todo el planeta, desarrollando equipos complejos y exóticos. La seducción por la tecnología era inevitable, aunque su uso y divulgación todavía estaban restringidos al ámbito académico.

Y, de nuevo, en 1958, se publica el que podría ser el primer álbum de música electrónica tonal. Compuesto por Jean Jacques Perrey, se titulaba Prélude au Sommeil. Interpretado con un Ondioline, se grabó con el propósito de inducir el sueño. Jean Marcel Leroy, que era su verdadero nombre, conoció en 1952 a George Jenny, inventor de ese instrumento. Tal fue el impacto, que abandonó sus estudios de medicina y viajó por Europa realizando demostraciones de este teclado.

En 1960, Perrey se trasladó a Nueva York y construyó un laboratorio de experimentación y grabación sonora, financiado por Carroll Bratman. Allí descubrió la música concreta, conoció a Robert Moog y se convirtió en uno de los pioneros de la música electrónica. En 1962 publicó el álbum Musique Electronique du Cosmos.

En 1962 se publica el primer número de la revista Perspectives of new music. Todavía en activo, desarrolla una labor divulgativa de las últimas tendencias en el ámbito musical académico.
En 1963 aparece el primer sintetizador de la firma Buchla. Era un sistema modular controlado por voltaje, por encargo de los músicos Ramón Sender y Morton Subotnick. El instrumento se tocaba a través de varias superficies sensibles al tacto y presión. Junto a una segunda unidad, Morton Subotnick compuso su famoso álbum Silver Apples of the Moon.

En 1964 aparece el primer sintetizador Moog, otro sistema modular controlado por voltaje que podía tocarse a través de un teclado convencional. Robert Moog emplearía grandes esfuerzos en ofrecer a los músicos unos equipos potentes, eficaces y sencillos de manejar y transportar. Comprendió la importancia de la tecnología en la música y el enorme potencial del sintetizador en el desarrollo de esta industria durante las futuras décadas. La mayoría de fabricantes ha imitado su esquema sustractivo al diseñar sus productos. Esta linealidad de los módulos que conforman un sintetizador es aceptada como un estándar y resulta muy práctica al enfrentarse a cualquier equipo por primera vez.
En 1969, Charles Wuorinen compuso la pieza Time's Encomium, convirtiéndose así en el primer ganador del Premio Pulitzer por ser una composición completamente electrónica. Wuorinen utilizó el sintetizador RCA Mark II.

Ese mismo año, Miles Davis publicaba In a Silent Way, un prodigio que fusionaba la música y la tecnología en una obra maestra precursora del ambient.

Los avances tecnológicos en los estudios de grabación fueron decisivos para crear un cambio. Los instrumentos se graban por separado y se mezclan artificialmente, procesándolos y tratando de recrear un ambiente a medida. De esta manera los grupos musicales podían invertir más tiempo explorando las nuevas posibilidades a su alcance. Esto permitió mejorar la calidad de las grabaciones y producir trabajos con una precisión insuperable en directo. Esto genera varias consecuencias. Los álbumes se convierten en una versión mejorada o alternativa del directo. La producción permite a los músicos buscar arreglos complejos y sonoridades artificiales. Las canciones aumentan en complejidad y exigencia con el público. El formato cassette se consolida en el mercado por ser menos aparatoso que el disco y ofrecer un sonido más limpio de impurezas. También facilita la distribución. Estamos en la segunda mitad de los años sesenta y surgen estilos como el rock progresivo, el krautrock, el space rock y el rock sinfónico. Los estilos se funden y bandas de psicodelia como Pink Floyd incluyen de manera reiterativa temáticas espaciales en sus letras.

Como dato anecdótico, Pink Floyd ha sido la primera banda en sonar en el espacio. Los astronautas de la Soyuz TM-7 decían que les relajaba escuchar esta banda. Se decidió que llevarían una copia del álbum Delicate Sound of Thunder a la estación espacial MIR el 28 de noviembre de 1988. David Gilmour y Nick Mason viajaron al Cosmódromo de Baikonur (Kazajistán) para presenciar el lanzamiento.

En 1970 aparecen varios discos desde Alemania. Bajo la etiqueta despectiva del krautrock y kosmischemusik, surgen álbumes como Affestunde, de Popol Vuh y el homónimo de Kraftwerk. Krautrock fue un término que inventó algún periodista inglés para aglutinar la psicodelia, el space rock y el rock progresivo que llegaba desde Alemania. Kosmischemusik parece que fue acuñado por el propio Edgar Froese para evitar aquella visión peyorativa del término. Alemania disfrutaba esos años de una efervescencia cultural fruto de los programas económicos y propagandísticos que citábamos antes. Personalidades como Joseph Beuys llegaban al ámbito político con idearios como la “plástica social”, con la que proponía un nuevo modelo de sociedad. Ésta consistía en educar a todas las personas en la madurez intelectual y propiciar el concepto ampliado del arte.

Sellos como Ohr y Pilz desempeñaron un papel fundamental en la distribución de estas nuevas músicas alemanas. Ohr era un subsello de la sueca Metronome. En aquellos años, la explosión del pop y el rock empujó a los grandes sellos a crear subdelegaciones con una visión más especializada y moderna. Así, EMI lanzó Harvest Records o Philips hizo lo mismo con Vertigo.

Ohr fue el centro neurálgico de la música cósmica alemana. Fundado por el periodista musical Rolf-Ulrich Kaiser, contaba con Conny Plank como ingeniero de sonido y Reinhard Hippen como diseñador gráfico. Publicaron los primeros álbumes de Klaus Schulze, Ash Ra Tempel y Tangerine Dream, entre otros.

El canadiense Mort Garson publicaba ese mismo año Didn't you hear?, una banda sonora de carácter contemplativo y ciertamente oscuro. Mort Garson era un músico experimentado en arreglos y producción musical. En 1967 conoció a Robet Moog y sucumbió al uso de los sintetizadores, publicando trabajos interesantes de corte psicodélico.

En 1971, Tangerine Dream lanza Alpha Centauri y el duo Malcolm Cecil y Robert Margouleff, hace lo propio con Zero time, bajo el seudónimo Tonto's Expanding Head Band. TONTO (The Original New Timbral Orchestra), es un sintetizador polifónico multitímbrico construido por los dos miembros de la banda como una versión desarrollada del sintetizador Moog III. Por su parte, Ash Ra Tempel, Cluster y Neu! lanzan sus primeros álbumes homónimos. Gil Mellé publica la banda sonora del largometraje The Andromeda Strain.

1972 es el año de inicio de la carrera en solitario de Klaus Schulze con su obra Irrlicht. Tangerine Dream publica el inmersivo Zeit y Wendy Carlos lanza Sonic seasonings. La italiana Maria Teresa Luciani publica Suoni di una Città, que deja entrever unas ideas interesantes. Lamentablemente no editó más música.

Estamos en plena era espacial y los grupos reflejan las inquietudes del tiempo que están viviendo. La visión que se tiene de la carrera por el espacio se incorpora al ideario musical. Los músicos adquieren costosos sintetizadores. Se esfuerzan por conseguir sonidos futuristas y mezclas verosímiles en lugares imaginarios. Las técnicas de grabación avanzan con pasos de gigante y se normaliza el procesado del sonido durante la mezcla. Son los años en que se usan de manera creativa los ecos de cinta, las reverberaciones de placas y efectos tan curiosos como el flanger o el phaser. No tardaría en aparecer la primera reverberación digital. Pero ya dedicaremos un monográfico a todas estas herramientas.
Ante el éxito de ciertos músicos electrónicos, las distribuidoras abren la puerta a multitud de ediciones modestas. Debemos sentirnos afortunados porque así es como se conservaron muchas de ellas y podemos disfrutarlas en la actualidad a pesar de sus condiciones limitadas.

En 1973, Vangelis vuelve a colaborar con el director de cine francés Henry Chapier en su largometraje Amore. Ya lo hicieron antes con Sex power. En esta ocasión, la historia se desarrolla en Venecia y consiste en un drama sentimental. No obstante, el sonido del griego tiene toda la profundidad que recuperará en sus discos más espaciales. Destaca también la polifonía que consigue extraer del equipo monofónico que tenía en aquél momento. Esta banda sonora nunca fue publicada, pero puede accederse a ella desde que el instituto de archivos francés facilitara la descarga de las películas de Chapier.

Ese mismo año, Tangerine Dream publica Atem, una suerte de spacemusic primitiva con momentos planeadores, expansivos y contemplativos. El periodista británico John Peel lo nombró álbum del año. Gracias a esa promoción lograron un contrato con el sello Virgin, cuyo adelanto por su siguiente trabajo emplearon en adquirir un sintetizador Moog Modular con el que grabaron Phaedra

Son años de exploración y libertad creativa. La música popular mantiene contactos con la vanguardia e incorpora a sus trabajos sonoridades experimentales. Éstas funcionan muy bien con la spacemusic porque transmiten el misterio de todo aquello que queda por descubrir, la inquietud por la exploración del cosmos. Los pasajes menos tonales provocan emociones sutiles. Son preguntas, interrogantes, cuestiones planteadas en un mar de incertidumbre.

Todavía en 1973 comienza a emitirse el programa de radio Hearts of space, desde San Francisco, Estados Unidos. Su creador, Stephen Hill, lleva emitiendo nuevas músicas desde entonces, pero siempre con el núcleo central orientado al cosmos. No en vano, cada episodio termina con la voz de Stephen diciendo «Viajes seguros, fans del espacio, donde quiera que estéis». En 1984 creó un sello discográfico que publicó autores referenciales como Constance Demby, Kevin Braheny o Michael Stearns.

1974 es otro gran año para la música espacial. Vangelis publica su mastodóntico Heaven and Hell; una obra de referencia dentro del género. Tangerine Dream publica Phaedra, otra gran obra de obligatoria audición. Václav Nelhýbel publica Outer Space, un álbum futurista y por momentos espeluznante. Con el uso ingenioso del eco y la reverberación artificial, los instrumentos acústicos adquieren una sonoridad extraña, espacial y abrumadora.

En 1975, Larry Fast, bajo su seudónimo Synergy, lanza el álbum Electronic Realizations For Rock Orchestra. El disco está influido por el rock progresivo y sinfónico. Es una manera de ver el universo elegante y dinámica. Klaus Schulze publica el interesante Timewind. Es un trabajo atmosférico y ambiental, precursor de estilos secuenciales. Todo el recorrido es un auténtico vuelo por atmósferas de otros planetas.

En ese mismo 1975, Ned Lagin, quien tocó en varias giras con el grupo Grateful Dead, lanza el disco Seastones. La autoría es compartida con Phil Lesh, un miembro fundador de Grateful Dead. Además, participaron otros miembros en la grabación, como Jerry García o Mickey Hart. Ned Lagin compuso esta obra durante cuatro años y la describió como “biomúsica electrónica robótica”. Fue grabada en la misma cantidad de estudios, mezclada en un quinto y masterizada en un sexto, sin contar otros adicionales. Gran parte del álbum consta de instrumentos tradicionales (bajo, guitarra y voz) y un conjunto de sintetizadores (el E-mu Modular Synthesizer, ARP 2500 y 2600, y el Buchla Modular System) procesados ​​a través de tecnología informática de vanguardia. Parte del software e interfaz estaban creados por el propio Lagin. Los sistemas controlados por computadora fueron diseñados y construidos para presentaciones grupales en vivo. Los instrumentos y las voces de los intérpretes se direccionaban a través de hardware de procesamiento y síntesis analógico y digital. Seastones fue una de las primeras grabaciones lanzadas comercialmente que incluyó el uso de computadoras digitales, y Lagin fue el primero en actuar en un escenario en vivo con computadoras. La grabación original era cuadrafónica.

Si todas estas obras no fueran suficientes para consolidar un género tan asombroso, en 1976 se publicó Oxygene, de Jean-Michel Jarre, otra obra maestra que marcaría un antes y un después para la música electrónica. Su accesibilidad musical y calidad sonora lo convirtieron en uno de los mayores superventas de todos los tiempos. La minuciosidad de Jarre es patente en Oxygene. Tras una apariencia sencilla, hay un enorme trabajo de producción. No sólo es la profundidad y transparencia sonora, sino los detalles que magnifican las melodías y secuencias. El sentido rítmico del francés terminó por construir un álbum muy sólido. Tanto la portada de Michel Granger como la temática del álbum presentan otro de los factores que definen la música espacial: la reflexión sobre el avance de la tecnología y el impacto que ésta tiene en el planeta. La spacemusic es un homenaje a la evolución del ser humano y sus conquistas científicas, así como una mirada nostálgica hacia un pasado que no volverá.

No menos recomendables ese mismo año son Plantasia, de Mort Garson, Moondawn de Klaus Schulze y, por supuesto, Albedo 0.39, de Vangelis.

Y todavía en 1976 comienza a emitirse otro de los programas de radio más longevos, desde Filadelfia, Estados Unidos. Se trata de Stars end, cuyo título fue extraído de la novela de Isaac Asimov. Fundado por Steve Pross y John Diliberto, ha contado con presentadores tan relevantes como Chuck van Zyl, quien promocionó las actuaciones en directo desde el propio estudio de la radio. Bautizadas como The gathering series, por allí han pasado músicos de la talla de Steve Roach, Robert Rich, Jonn Serrie o Vir Unis.

Y no podemos olvidar el magazine Synapse. Aunque cesó su publicación tres años más tarde, se convirtió en un referente de la música electrónica en la época de consolidación de los sintetizadores.
1977 fue el año para Zanov y su álbum Green ray, Richard Pinhas con su Rhizosphere y los españoles Neuronium con su debut Quasar 2C361.

1978 fue otro año de grandes lanzamientos. Jean-Michel Jarre y su Equinoxe, Vangelis y Beaubourg, Neuronium con Vuelo químico, Joel Fajerman con Racines Synthetiques, Wolfgang Riechmann con Wunderbar, Baffo Banfi con Galaxy my dear y Michael Hoenig con Departure from the northern wasteland, un claro ejemplo secuencial de escuela de Berlín.

En 1979, Baffo Banfi graba Ma, dolce vita

En 1980, Wolfgang Bock lanza Cycles

En 1981, Jean-Michel Jarre publica Magnetic Fields y Rolf Trostel, Inselmusik

En 1982, Synergy publica The jupiter menace

Podría seguir varios años más. Todavía quedan por aparecer grandes álbumes como Blade Runner, de Vangelis o Rendez-vous de Jean-Michel Jarre. Todavía es época de la prensa local, de magazines y fanzines, de apoyo a músicos de todos los niveles en salas de cualquier tamaño. Es época de registrar en cinta magnética y ahorrar para comprar equipos que reprodujeran la música con la mayor fidelidad. Pero el tiempo corre y surgen nuevas tendencias. La era espacial va disipándose en favor de otros estilos electrónicos más terrenales y prosaicos. La spacedisco intermedia hacia el synth-pop, y éste a innumerables géneros urbanos y bailables. Pero esa es otra historia. Caminar supone llegar lejos. Llegar lejos supone regresar.

  • 00:04:10 - Monográfico sobre el origen de la spacemusic
  • 01:10:00 - Entrevista a Lethave Plank, compositor y programador de sintetizadores
  • 01:36:40 - Nuevo álbum de Lunaria: Venus in transit, compuesto por Daniel Guillén
  • 01:44:20 - Somnium, novela escrita por Juan Maldonado en 1532 y que inspiró a Kepler

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Breve listado de músicas cósmicas

En esta entrada he recopilado un listado de obras cósmicas desde los inicios hasta casi terminados los años ochenta. Creo que es el intervalo que corresponde a la era espacial, contando con los trabajos embrionarios hasta las posteriores fusiones.

He dejado que se integren algunas publicaciones más vinculadas a otros estilos o subgéneros, pero donde se reconoce claramente la conexión e influencia de la spacemusic. En todo caso es por interés ilustrativo, sin intención de caer en el apropiacionismo. La mayoría encaja con la idea de música cósmica, kosmische musik y musique planante. Espero que os sirva de utilidad para descubrir autores que no tuvieron la suerte de cruzarse en vuestro camino.


AUTOR
ÁLBUM
AÑO
Tom Dissevelt & Kid Baltan Song of the second moon 1957
Jean Jacques Perrey Musique electronique du cosmos 1960
Tom Dissevelt Fantasy in orbit 1963
Popol Vuh Affenstunde 1970
Tangerine Dream Alpha Centauri 1971
T.O.N.T.O. Zero time 1971
Deuter D 1971
Tangerine Dream Zeit 1972
Klaus Schulze Irrlicht 1972
Peter Michael Hamel Hamel 1972
Tangerine Dream Atem 1973
Tangerine Dream Phaedra 1974
Václav Nelhýbel Outer Space 1974
Aminadav Aloni Once 1974
Edgar Froese Aqua 1974
Zygoat Zygoat 1974
Isao Tomita Snowflakes are dancing 1974
Tangerine Dream Rubycon 1975
Klaus Schulze Timewind 1975
Synergy Electronic realizations for rock orchestra 1975
Ned Lagin Seastones 1975
Bill Reddie Ascent into now 1975
Vangelis Heaven and hell 1975
Wavemaker Where are we captain? 1975
Ariel Kalma Interfrequence 1975
Jean Michel Jarre Oxygene 1976
Vangelis Albedo 0.39 1976
Peter Bauman Romance '76 1976
Ashra New age on Earth 1976
Eberhard Schoener Bali agung 1976
Master Wilburn Burchette Transcendental music for meditation 1976
Mort Garson Mother’s Earth Plantasia 1976
Michael Rother Flammende herzen 1976
Teddy Lasry E = m.c2 1976
Pulsar The strands of the future 1976
Vangelis Spiral 1977
Klaus Schulze Mirage 1977
Neuronium Quasar 2C361 1977
Bernard Fèvre Cosmos 2043 1977
Richard Pinhas Rhizosphere 1977
Zanov Green ray 1977
Tim Blake Crystal Machine 1977
Patrick Vian Bruits et temps analogues 1977
Anna Själv Tredje Tussilago fanfara 1977
Peter Michael Hamel Nada 1977
Space Art Space Art 1977
Jurriaan Andriessen The awakening dream 1977
Michael Bundt Just landed cosmic kid 1977
Esa Kotilainen Ajatuslapsi 1977
Geodesium Geodesium 1977
Tito Quetzalcoatl 1977
Wolfgang Riechmann Wunderbar 1978
Baffo Banfi Galaxy my dear 1978
Jean Michel Jarre Equinoxe 1978
Vangelis Beaubourg 1978
Pascal Languirand Minos 1978
Ariel Kalma Osmose 1978
Serge Ramses Secret 1978
Iasos Angelic music 1978
Richard Vimal Migrations 1978
Automat Droid 1978
Unidentified Pulsing Object Infinite cosmos travel 1978
Serge Locat Transfert 1978
Jonathan Jonathan 1978
Michael Hoenig Departure from the Northern Wasteland 1978
Michel Magne Elements 1978
Neuronium Vuelo químico 1978
Hydrus Midnight in space 1978
Spacecraft Paradoxe 1978
Ose Adonia 1978
Bernard Szajner Visions of Dune 1978
Adelbert von Deyen Sternzeit 1978
Astral Sounds Kaleidoscope 1978
Claude Larson Environment 1978
Droids Star peace 1978
Baffo Banfi Ma, dolce vita 1979
Joel Fajerman Prisme 1979
Didier Bocquet Voyage cérébral 1979
Michael Garrison In the regions of sunreturn 1979
Klaus Schønning Lydglimt 1979
Pierre Dutour Top fiction 1979
Osamu Shoji Night fly 1979
Kitaro Ki 1979
Ojas Seven levels of man 1979
Adelbert von Deyen Nordborg 1979
Frederic Mercier Music From France 1979
Alain Meunier Voyage aux fonds de la mer 1979
Earthstar French skyline 1979
Eden Aura 1979
Philippe Guerre Cristal 1979
Olivier Roy Pochette-Surprise 1979
Robert Schroeder Harmonic Ascendant 1979
Jihel The Forgotten Sanctuary 1979
Space Just blue 1979
Wolfgang Bock Cycles 1980
Pascal Languirand De Harmonia Universalia 1980
Ariel Kalma Interfrequence 1980
Miha Kralj Andromeda 1980
Richard Vimal Aquarythmies 1980
Mark Shreeve Ursa Major 1980
Adelbert von Deyen Atmosphere 1980
Thierry Fervant Univers 1980
Ciro Perrino Solare 1980
Decko Mythe Xero 1980
Geoffrey Chandler Starscapes 1980
Pythagoras Journey to the vast unknown 1980
Harald Grosskopf Synthesist 1980
Laurie Spiegel The expanding universe 1980
Patrick Gleeson Rainbow Delta 1980
Jonas Palm Ze wörmnest 1980
Wolfgang Düren Eyeless dreams 1980
Robert Schröder Floating music 1980
Sauveur Mallia Automation 1980
Yves et Alain Lorentz Espaces, 2 1980
Rolf Trostel Inselmusik 1981
Jean Michel Jarre Magnetic fields 1981
Michael Stearns Planetary unfolding 1981
Sven Grünberg Hingus 1981
Michael Garrison Prisms 1981
Teddy Lasry Rush 1981
K. Leimer Closed system potentials 1981
Trevor Duncan Other worlds 1981
Bernard Xolotl Journey to an oracle 1981
Dimitris Papadimitriou Topia 1981
Geodesium Double eclipse 1981
Cyrille Verdeaux Moebius 1981
Starforce 1 Starforce 1 1981
Peru Constellations 1981
Andreas Grosser Andreas Grosser 1981
Bernd Scholl Tales of fantasy 1981
Steven Halpern Rings of Saturn 1981
Steve Kindler & Paul Lloyd Weber Lemurian Sunrise 1981
Clara Mondshine Luna africana 1981
Jean Hoyoux Planetes 1981
Paul Nelson Vortex 1981
Pauline Anna Strom Pauline Anna Strom 1981
Rolf Trostel Der prophet 1982
Vangelis Blade runner 1982
Synergy The Jupiter menace 1982
Suzanne Ciani Seven waves 1982
Jean-Michel Desbouis Prince 1982
Emerald Web The Stargate tapes 1982
Ian Boddy Options 1982
Reinhard Lakomy Das geheime leben 1982
Jean-Philippe Rykiel Jean-Philippe Rykiel 1982
Andrej Baša Između neba i zemlje 1982
Bob Kindler Music from the matrix 1982
Miha Kralj Odyssey 1982
Carlos Guirao Revelation 1982
Ron Berry Where dark forces meet 1982
Enno Velthuys Ontmoeting 1982
José Ignacio Valdés Misterios cosmográficos 1982
Aart Zwaans Sémi Hóra 1982
Stomu Yamash’ta Iroha 1982
Igor Savin Childhood 1982
Roberto C Détrée Architectura celestis 1982
Ad Visser Sobrietas 1982
Laza Ristovski Merge 1982
Michael Garrison Eclipse 1982
Don Robertson Starmusic 1982
Vía Láctea Vía Láctea 1980
Michael Stearns Lyra sound constellation 1983
Klaus Doldinger Constellation 1983
Celestial Odysseys Galactic Odyssey 1983
Thomas Girke & Frank Klare Timesharing 1983
Brian Eno, Daniel Lanois & Roger Eno Apollo. Atmospheres and soundtracks 1983
Carl Weingarten & Gale Ormiston Windfalls 1983
You Time code 1983
Laza Ristovski 2/3 1983
Mannheim Steamroller Fresh Aire V 1983
Axis Natural high 1983
Steve Hillman From distant shores 1983
Rüdiger Lorenz Invisible Voices 1983
Fumio Miyashita Wave. Sounds of the universe 1983
Michael McNabb Computer music 1983
Cosey Fanni Tutti Time to tell 1983
Tom Ehrlich Sunstar 1983
Mike Brooks Passage of time 1984
David Storrs Channel for the light 1984
Vangelis Soil festivities 1984
Simo Lazarov The city 1984
Eberhard Schoener Sky music 1984
Boris Petrov Memory 1984
Pond Planetenwind 1984
Gianni Sposito Cosmo graffiti 1984
Eduard Artemyev Moods 1984
Steven Halpern & Dallas Smith Threshold 1984
Elizabeth Parker The living planet 1984
alpha Orion alpha Orion 1984
Purfoze Song of the Earth 1984
Ian Tescee Io 1984
Richard Burmer Mosaic 1984
Mike Brooks Fragile shoreline 1984
Kevin O’Neill Icon 1984
Ray Lynch Deep breakfast 1984
Steve Roach Structures from silence 1984
Wendy Carlos Digital moonscapes 1984
Sergei Djokanov The green desert 1985
Wavestar Zenith 1985
Rick Miller Starsong 1985
Lauri Paisley Skywords 1985
Software Electronic universe 1985
The Astral Dimension Galassia M81 1985
Michael Stearns Chronos 1985
Michael Amerlan Ascendences 1985
David Lange Return of the comet 1985
Reinhard Lakomy & Rainer Oleak Zeiten 1985
Craig Safan Warning sign 1985
Peter Mergener & Michael Weisser Phancyful-Fire 1985
Bernd Kistenmacher Music from outer space 1985
The Nightcrawlers Spacewalk 1985
Steve Brenner & Peter Gulch Stellar Tunnel 1985
Lauri Paisley Channels 1985
Claude Larson, Manuel Landy & Walter Menzing Power pack - Future projects 1985
Jean Michel Jarre Rendez-vous 1986
Ralph Lundsten Fantasia by starlight 1986
Loren Nerell Point of arrival 1986
Mychael Danna and Tim Clement Another sun 1986
Michael Law Sacred space 1986
Miguel Angel Noya Esferas vivientes 1986
Tangerine Dream Green desert 1986
Boris Petrov Memory 1986
Alexandros Hahalis Antithesis 1986
Ananda Symphonie cosmique 1986
Akira Ito Hopi prophecies 1986
Walter Holland Relativity 1986
Dennis Hart Mental balance 1986
Moebius Blue moon 1986
Giles Reaves Wunjo 1986
Michael Garrison Images 1986
Harry Winkler Deep water 1986
Patrick Moraz Human interface 1987
Constance Demby Novus magnificat 1987
Ron Boots Dream weaver 1987
Pete Bardens Seen one Earth 1987
Carlos Beltran Jerico 1987
Megabyte Powerplay 1987
Robert Julian Horky Ios 1987
G.E.N.E. Fluting paradise 1987
Walter Christian Rothe Let the night last forever 1987
Bill Nelson Chance encounters in the garden of lights 1987
Anthony Phillips Slow waves, soft stars 1987
Didier Marouani Space Opera 1987
Ian MacFarlane Planetarium 1987
Xyl Star's end 1987
Michael Stearns Encounter 1988
Kevin Braheny Galaxies 1988
Patrick Kosmos The visitor 1988
Jeff Carney Imperfect space journeys 1988
Keith Mansfield Earth stories 1988
Jonn Serrie And the stars go with you 1988
David Prescott New music for cathedrals 1988
Mark Dwane The monuments of Mars 1988
Mychael Danna Mars : The journey begins 1988
Mychael Danna Planets, stars and galaxies 1988