Durante décadas, una de las mayores ilusiones de los músicos
fue publicar álbumes. De hecho, hubo un tiempo en que se programaban conciertos
en vivo para promocionar la venta en soporte físico. Tener un álbum en las
cubetas de las tiendas era sinónimo de prestigio. Significaba estar entre los
grandes; mucho más cerca de los superventas que del anonimato. Pero el camino
hasta ese punto nunca fue sencillo.
En este artículo voy a hablar de una solución que emplearon
algunos de los artistas más populares dentro de la música cósmica: la música de
librería, música de producción o música de archivo (library music, stock
music). Este tipo de publicaciones consisten en grabaciones cuyos derechos de
explotación están cedidos íntegramente al editor. De este modo se reduce mucho
el coste de licencias para su utilización a cargo de terceros, y sobre todo no
es necesario el permiso del autor. Normalmente estas ediciones están destinadas
a formar parte de contenidos para cine, televisión, radio, etc. Son un recurso
útil para pequeñas producciones y emisiones que buscan continuidad musical sin
tener que invertir mucho presupuesto. Y si la calidad es suficiente, el destino
puede ser muy alto. En definitiva, es un modelo de negocio bastante lucrativo
para las editoriales y con cierto atractivo para los músicos sin contrato.

Actualmente, la mayoría de los netlabels están inspirados en
este modelo de negocio, aunque algunos han llegado a cierta perversión que
consiste en tener gran cantidad de músicos en su catálogo y ofrecer un contrato
de venta mínima, es decir, se cobra a partir de haber vendido un número
determinado de descargas. Junto a la habitual falta de promoción, el negocio es
lucrativo, mientras que el músico tiene la sensación de estar perdido en un
fondo de catálogo en el que es imposible destacar. Con los soportes físicos, el
músico poseía un objeto tangible, pero ahora sólo es una referencia más entre
millones.La primera editorial de música de librería se fundó en 1909
(De Wolfe Music). Durante su
primera década, esta empresa inglesa vendía partituras y servicios musicales en
vivo. A partir de 1927 se consolidó como sello de música de librería a través
de la técnica sound-on-disc, que consiste en grabar con un fonógrafo el sonido
que va a escucharse en las películas de manera sincronizada. Era la época del
cine mudo y la música se interpretaba en la misma sala de proyección. Esta
empresa ha licenciado música para productoras como Pathé news o British Movietone
news, y producciones como Dawn of the Death, Brokeback Mountain, Top Gear o
Doctor Who. Y sigue en activo. Para ella han grabado músicos como Adele, George
Fenton, Elbow e Ian Brown. Normalmente los músicos graban por encargo u ofrecen
material que se adapta a los objetivos generales de este tipo de negocio.
En la década de los 60s y 70s, la industria musical se
benefició de importantes avances tecnológicos. Esto dio un fuerte impulso a
todos los sectores: emisoras de radio, editoriales, equipos musicales, y por
supuesto, a los propios músicos. La presión de compositores intentando acceder
al circuito comercial aumentó notablemente. Con esto, las empresas de música de
librería encontraron un nicho confortable. En ese momento aparecieron sellos de
librería como KPM, Bruton o Sonimage.
Y aquí encontramos la conexión cósmica con la música de
librería. Varios álbumes de Joël Fajerman fueron publicados por ese camino. Sonimage
(fundado en 1970) le publicó Prisme
(1979) y Regards (1989); Musique
pour l’image le publicó Racines
Synthétiques (1978) y Painted Desert
(1980), así como Azimuts (1981) y Turbulences (1983) a través de su
subsello PSI. Bernard Parmegiani publicó Chants
Magnétiques (1974) también en Sonimage, así como Serge Bulot, con Sanctuarie
D’Éole (1980). En Music Pour
L’Image, publicaría Alan Shearer su álbum City
of Extasy (1987).

El primer álbum de Jean Michel Jarre, Deserted Palace (1973) se publicó en Sam Fox Publishing. Este sello se fundó en 1906 y fue el primero en
comercializar partituras. Tuvo un enorme éxito ofreciendo música para cine compuesta
sobre todo por John Stepan Zamecnik y John Philip Sousa. Llegó a tener en su
catálogo artistas como Billy Hollyday, Nina Simone o Frank Sinatra. Aunque no
se considera un sello de música de librería, sí que editó referencias de este
tipo como estrategia para tener un catálogo versátil. Esto es bastante común en
las grandes distribuidoras, que llegan a crear departamentos independientes
centrados en estilos y objetivos determinados.Era habitual la publicación de álbumes compuestos por varios
artistas. Tal es el caso de Aurore
(1978), con temas independientes de Monique
Cannone y Armand Frydman o Electronia/Hair
Raisers, con temas de T. Elerth,
W. Merrick Farran y Edgar M. Vetter. En ocasiones la música tenía un carácter tan preciso
que las publicaciones eran una compilación de pistas como sucedía con las
librerías de efectos de sonido. A menudo los autores no estaban acreditados en
la portada.

En
1951, Josef Weinberger fundaba el sello JW
Media Music, enfocado también a crear música de librería destinada a cine,
radio y televisión. A través de su subsello Impress, Van Phillips publicaba el álbum Space Music dirigiendo The Lansdowne Light Orchestra. Consistía en
piezas orquestales con cierto aire cósmico y misterioso, procesadas a través de
un tape echo. Y con sonidos puramente
electrónicos, George Fenton
publicaba Force Field (1980), Trevor Duncan, Other Worlds (1982), Dereck Austin, Power Surge (1981) y Sinthasia
(1982) y Tim Cross, Time and motion
(1984).
Otro sello muy popular fue KPM Music, fundado en 1955. Publicó muchas referencias ordenadas por
estilos, todas ellas con la idéntica portada en color verde oliva. Era habitual
que las portadas guardaran uniformidad corporativa. De ese modo eran fácilmente
reconocibles. En 1971, William Merrick Farran y Edgar Vetter grabaron el álbum Electronic
Music. En 1975, KPM
publicó un álbum demostración del sintetizador ARP Odyssey, compuesto por Alan Hawkshaw. Un año antes, Brian
Bennett y Alan Hawkshaw publicaban Synthesis.

Mención especial merece
el Taller de Radio de la BBC (BBC
Radiophonic Workshop), creado en 1958 por Daphne Oram y Desmond Briscoe. Su objetivo
era dotar de efectos de sonido y música a las producciones de la BBC. En la
famosa Habitación 13 trabajaron
músicos y técnicos de enorme talento como Maddalena
Fagandini o Delia Derbyshire.
Precisamente, Delia Derbyshire, con la ayuda de Dick Mills, fue la creadora de la sintonía original de la
serie Doctor Who, entre otros muchos
trabajos. Ella empleó una composición original de Ron Grainer al piano y la produjo electrónicamente tal como la conocemos en la actualidad. Estuvo sonando desde la primera temporada hasta 1980. Maddalena Fagandini publicó un par de singles junto a George Martin,
un par de años antes que éste se convirtiera en productor de los Beatles. Pero
uno de los grandes logros de este taller fueron los avances técnicos e
innovaciones musicales que posteriormente se incorporaron en la dinámica de
trabajo de los músicos electrónicos de todo el mundo. Y eso que los primeros
años tuvieron que trabajar con equipo prestado de otros departamentos.En 1966, Roger Tokarz fundaba el sello Tele Music. Además de ser uno de los pioneros en Francia, también fue muy popular por incluir gran variedad de sonidos y músicos de gran talento. Sus ediciones cubren desde el spaguetti western a las sintonías para informativos. Nosotros destacamos los dos volúmenes Cosmosynthetic , compuestos por Sauveur Mallia en 1981, con claras influencias de los grandes referentes del momento pero con una visión más ecléctica, por momentos perturbadora y distópica.
El
sello Bruton, fundado en 1977,
alcanzó gran popularidad por sus ediciones de efectos especiales, ambientes y
piezas musicales empleadas en todo tipo de programas audiovisuales (El chavo del ocho,
Brain games, El club de la lucha, etc). Allí publicaron autores como Francis Monkman (Tempus Fugit,
Energism, 1978; Forcefield, 1984), Paul
Brian Hart (Futurism, 1980), James
Asher (Gyroscope, 1980), Geoff
Bastow (Tomorrow’s world, 1982), Alan
Hawkshaw (Music Machine, 1981; Odyssey, 1985) o Mark Shreeve (Energy Fountain, 1988). Algunos de estos álbumes son de gran calidad técnica y
musical.
Otro sello con referencias interesantes fue Montparnasse
2000, fundado en 1968. A principios de los años setenta publicó álbumes como Moog Sensations, Moog Expressions, Moog
Generation o Mig Mag Moog, con
pistas de Louis Delacour, Pat Prilly, Jean-Jacques Perrey y Harry Breuer.
En París se creaba el sello Patchwork en 1970. Sus portadas corporativas y un sonido centrado en el eje big band, funky disco y experimentos electrónicos lo hicieron bastante popular. Para Patchwork grabaron músicos de la talla de Georges Deleure, Teddy Lasry o Bernard Parmegiani. Podemos destacar publicaciones como la número 59, Rush, a cargo de Teddy Lasry; la número 42, a cargo de Guy Boulanger y Edgar Vercy; o la 28, a cargo de Teddy Lasry, Frédéric Mercier y Claude Perraudin.Chicago
2000 (subsello de Audivis y la italiana CAM, Creazioni
Artistiche Musicali) publicó referencias muy interesantes, como USA Visions (Black Sun, 1976), L’Univers de la Mer (Dominique Guiot,
1978) o Interceptor City (Didier
Thibault, 1989).
En 1977, el sello L'Illustration Musicale, enfocado a
géneros rítmicos y de baile, publicó el álbum The Strange World of Bernard Fevre, que sería muy influyente en la
música de baile de las siguientes generaciones, además de aportar muchos
extractos para formar parte de nuevas reinterpretaciones. Otro álbum recuperado
y remezclado con éxito posteriormente fue Time Signal, de Klaus Weiss (1978) para el sello Selected Sound.Uno de los aspectos más interesantes de estas ediciones es
que eran un reflejo bastante fiel de la realidad del momento. Hay auténticos
documentos sonoros grabados con equipos recién comercializados. Parecen
demostraciones, y en algunos casos lo son, de las novedades tecnológicas más
interesantes. Otro aspecto obvio fue el acceso relativamente sencillo al
circuito comercial y una distribución en ámbitos creativos bastante apetecibles.
Por contrapartida, las producciones no necesitaban superar estándares
de calidad. Esto facilitaba la libertad creativa, dejando al criterio del autor
todo el proceso, pero eliminaba cualquier posible objetividad que pudiera
ayudar a crecer las obras. Es normal encontrar canciones sin demasiado
desarrollo ni esfuerzo técnico en el estudio de grabación. Pero también abundan
contenidos de enorme frescura y talento.

Estos sellos empezaron
a caer en el olvido por la inmediatez de sus contenidos. Cada época busca su
propio sonido, y los catálogos de estas empresas sonaban pasados de moda.
Recordaban épocas anteriores totalmente desfasadas. Solamente la calidad
técnica de las nuevas grabaciones era suficiente para desechar las anteriores. Sin
embargo, a partir de los años noventa, hubo una corriente de recuperación por
parte de músicos que buscaban muestras (samples y loops) con estas sonoridades.
Quizá huyendo del material manoseado del momento se fijaron en los viejos
catálogos de música de librería y comenzaron a incluirlos en sus canciones. De
ese modo hemos descubierto nombres de artistas y referencias que parecían
olvidados para siempre. Su trabajo también ha sido reinventado, formando parte
de nuevas canciones, como bases y efectos. Es el triunfo de la música efímera.En la actualidad continúan activos muchos sellos de música
de librería. Con el fácil acceso a internet, el número de plataformas para
adquirir este tipo de contenidos se ha multiplicado. Se mantiene el concepto:
generar obras de toda índole destinadas a ofrecer una continuidad musical o
sonora en otras producciones audiovisuales. De hecho, uno de los nombres bien conocidos en Albedo 0.38, Christopher Franke, compositor de bandas sonoras y miembro de Tangerine Dream durante los años setenta y ochenta, ha publicado entre 2008 y 2023, cincuenta álbumes de música de librería para Universal Music Prod Reality (una división de Universal Music Group).
Aunque la historia de la música popular tiene como héroes a
quienes consiguen sonar en radiofórmula y emisoras comerciales, la calidad de
producciones que descubrimos por otras vías puede llegar a ser idéntica.
Después de todo, a pesar de la gran inversión técnica y humana de cada éxito
comercial, continúa siendo un misterio lo que nos hace conectar con una
canción. A veces llega por la vía más inesperada. Es cuestión de permanecer
receptivos y apoyar a los músicos.
Podéis escuchar este artículo en el podcast:
- 00:04:45 - Monográfico sobre la música de librería.
- 01:09:00 - Entrevistamos a Joaquín Torán, periodista y fundador del portal Fabulantes
- 01:36:45 - Nuevos discos de Mindglide y Fernan Birdy
- 01:47:40 - Arcadia. Tu mundo no razona, novela de ciencia-ficción política escrita por Elías Zamora, premiada por la sociedad académica francesa Arts-Ciencies-Lettres en 1966