Hoy entrevistamos a Elia Barceló, escritora alicantina, nacida en Elda, y cuya obra de ciencia-ficción es de las más relevantes en el ámbito de habla hispana. Licenciada en filología hispánica y anglo-germánica, reside en Austria, donde fue profesora de literatura hispánica en la universidad de Innsbruck. Desde 2017 se dedica a la escritura a tiempo completo.
Su obra ha sido traducida a unas veinte lenguas y ha recibido premios de la categoría de Ignotus, Celsius, Golem y del Ministerio de Cultura.
Doctorada con una tesis sobre los arquetipos del terror en los relatos fantásticos de Julio Cortázar, uno de sus escritores preferidos, hizo que el terreno de lo fantástico se convirtiera en su especialidad académica. Atraída por otras artes, como la pintura o la arquitectura, Elia reconoce que la música no es de sus preferidas. Veremos si desde Albedo 0.38 podemos seducirla desde nuestra visión cósmica del sonido.
Selegna Bondariam.- Hola, Elia; bienvenida y gracias por concedernos esta entrevista.
Elia Barceló.- Hola. Encantadísima de estar aquí con vosotros y vosotras. Me alegro mucho de tener ocasión de hablar de ciencia-ficción, de hablar de las cosas que me mueven, que me emocionan, que me fascinan desde siempre. Muchísimas gracias por el interés.
Selegna Bondariam.- ¿Qué le impulsó a dedicarse a la escritura y empezar precisamente por la ciencia-ficción?
Elia Barceló.- A mí siempre me gustó escribir, desde las primeras redacciones del colegio. Luego, mi padre era muy aficionado a la ciencia-ficción, y cuando empecé a leer —yo siempre he sido muy lectora, porque aprendí a leer muy temprano, mi padre me enseñó a leer a los cuatro años—, pues cuando yo ya sabía leer por mí misma, mi padre empezó a darme libros de ciencia-ficción, a darme historias, relatos, y luego, cuando tenía 12 años, fui con él a ver el estreno de 2001 una odisea del espacio. Fue una película que me impresionó tantísimo, me pareció tan maravillosa, aunque no entendí mucho en la primera vez, que me fui derecha a la librería a ver si tenían la novela para leérmela. Sí que la tenían, la leí y la disfruté muchísimo y mientras tanto he leído no sé cuántas veces y he visto la película un el montón de veces. Entonces, como uno en general empieza a escribir lo que le gusta leer, pues yo me aficioné muy pronto a escribir cosas que tenían que ver con ciencia-ficción, porque para mí era el género, y sigue siendo el género que, de verdad, trata temas nuevos y que te abre la mente, que te hace reflexionar, que te hace pensar en cosas que van más allá de los problemas del vecino del quinto. Y es una cosa que siempre me ha interesado muchísimo, y fue mi primer amor y supongo que seguirá hasta el fin de mis días.
Selegna Bondariam.- ¿Cómo se enfrenta a la página en blanco? ¿Cómo plantea el comienzo de una novela?
Elia Barceló.- Yo nunca he tenido ese miedo del que se habla tanto, de enfrentarse a la página en blanco, y mucho menos desde que ahora es un ordenador y la página no es una página sino una pantalla sin más. Lo que pasa es que, cuando planteo una novela, normalmente —ahora hablo de novela porque es un proyecto mucho más grande mucho, más más trabajoso que cuando de repente tienes una idea rápida para un relato—, eso es otra manera de trabajar, pero cuando estás en una novela yo pienso mucho antes de escribir. Le doy vueltas, miro a ver que por donde puedo ir, qué pasaría si cogiera este camino, qué pasaría si cogiera el otro. Dejo que se vaya desarrollando en mi interior. Las novelas se van abriendo como esas flores chinas que uno compraba antes en los bazares, que venían plegadas y eran como de papel, todo seco, y las ponías en un cuenco con agua y de repente se abrían y se desplegaban, y se convertían en una flor amplia y preciosa. Pues una cosa así es lo que yo hago.
En el momento en que sé dónde empieza la historia, pienso, concretamente en esa escena por la que me gustaría empezar. La visualizo, la oigo —yo oigo mucho los diálogos de mis personajes en el interior— y entonces me pongo a escribir esa primera escena para entrar en el mundo que voy a crear. En general, trato de empezar, digamos, lo más cerca posible del final, aunque luego siempre uso muchos flashbacks que explican cosas, y eso resulta más económico narrativamente. Y trato de evitar que resulte demasiado discursiva. Si empiezas muy pronto la historia, tienes que contar un montón de cosas que tienen menos interés en ese momento. Porque, claro, lo importante es comunicar con tu lector, que quiera seguir leyendo el lector o la lectora, picarle la curiosidad o abrirle la puerta a un mundo que le emociona y que quiere conocer, que le apetece conocer. Para eso sirve esa primera escena, esa entrada en el mundo. Y luego, claro, no decepcionarlo. Yo conozco gente que trabaja muchísimo la primera escena, el primer capítulo, y luego se le olvida que uno tiene que seguir trabajando. Trato de que no me suceda.
Selegna Bondariam.- Suele situarse en la frontera donde las acciones de los personajes tienen más consecuencias personales que globales, frente al tópico del héroe de ciencia-ficción. ¿Qué le inspiró a decidirse por esta faceta literaria?
Elia Barceló.- Al contrario que los estadounidenses, que piensan que un hombre sólo… sí, en general es un hombre, aunque últimamente también aparecen de vez en cuando personajes femeninos… pero piensan que un hombre sólo es capaz de solucionar un problema mundial o cambiar el universo. Yo estoy convencidísima de que eso no es posible. Y no sólo no es posible, sino que además es absurdo. A mí me interesan los personajes individuales. Me interesan los personajes en su propia escala humana, personajes con los que nos podemos identificar o que pueden servirnos de modelo. En la buena ciencia-ficción, lo que le sucede una persona concreta es mucho más importante y satisfactorio que lo que le pueda suceder al universo; aunque claro, la historia se puede colocar frente a un trasfondo enorme y contar cosas sobre imperios galácticos. Pero los imperios nacen y mueren. Nadie se identifica con un imperio. Uno se identifica con un personaje, con una persona individual que quiere algo, que sufre por algo, que lucha por algo, que tiene un éxito, que tiene un fracaso, que tiene pesadillas… Entonces, para mí es muchísimo más interesante, como escritora y como lectora, concentrarme en lo pequeño, en los personajes. Luego, muchos personajes, naturalmente, dan todo un mundo, se pueden crear grandes redes, pero lo importante es el personaje.
Yo me decidí por esto porque, cuando empecé con la ciencia-ficción, entonces en España copiábamos muchísimo lo que se hacía en Estados Unidos y en Gran Bretaña, y la ciencia-ficción tenía esa fama de que era una especie de subliteratura, de algo que no valía la pena desde el punto de vista artístico. Sin embargo, yo empecé a tratarla como pura y simple literatura, como arte literario. Entonces me preocupé muchísimo desde el principio de cosas como cómo contar una historia, qué lengua usar, cómo usar los diferentes registros, cómo trazar personajes profundos, creíbles, a veces contradictorios, como somos los humanos. Eso me interesaba mucho más que hacer grandes frescos espaciales con muchas naves y muchas rutas y muchos héroes y cosas así. Y otra cosa que también empecé yo a hacer en España, y creo que fui, si no la primera, de las primeras, fue usar personajes femeninos, protagonistas femeninas, no solamente un personaje secundario. Y empecé también a preocuparme por las cuestiones de género y por las cuestiones de todo tipo: de homosexualidad y otras formas de definirse, otras formas de estar en el mundo; cosas que en aquella época no se hacían y que a mí me dieron muchísima satisfacción.
Selegna Bondariam.- A usted le gusta plantear dilemas morales en sus obras. La literatura de anticipación permite crear escenarios donde proponer estos dilemas con claridad. ¿Considera que todos los subgéneros de la ciencia-ficción facilitan su estilo? ¿Se siente más cómoda en alguna zona determinada? ¿Los universos excesivamente detallados o futuristas pueden afectar al desarrollo de los personajes?
Elia Barceló.- Yo encuentro realmente fascinante proponer dilemas al lector. Es lo mismo que hago conmigo misma; yo me paso la vida proponiéndome dilemas y me gusta, cuando leo, que me propongan dilemas sobre los que no había reflexionado antes. La ciencia-ficción siempre me ha parecido que es el mejor género para este tipo de cosas. Una de las grandes ventajas que tiene la ciencia-ficción es que permite abrir la mente, la mente propia y la mente de quien luego lee temas y situaciones que aún no se dan o están empezando a darse —a veces incluso cosas que posiblemente no se ven nunca, pero que resultan muy estimulantes—, y plantearse qué podía pasar, a donde podríamos llegar si seguimos por donde vamos, si nos conviene o no aceptar cierto tipo de progresos, por así llamarlo, y evoluciones. Además, este es un género que, para mí, es el que mayor libertad ofrece. Y esta libertad nos permite elegir entre muchos subgéneros ya establecidos para ver cuál es el que mejor pasa con lo que uno se ha propuesto hacer. Pero también podemos crear híbridos, géneros mixtos, subgéneros mestizos o lanzarnos de lleno a lo experimental, aunque esto es algo que cada vez se hace menos porque ahora la mayor parte de los escritores pretende vivir de lo que escribe y tienen bastante claro que con la experimentación no se llega muy lejos en términos económicos.
En cuanto a la otra parte de la pregunta, en mi opinión, lo que está excesivamente detallado, aparta al lector de lo que le importa. En mi opinión, claro. Lo que de verdad importa es lo que les sucede a los personajes. Imagínate que dentro de 300 años escribes una novela ambientada en nuestra época, y en lugar de concentrarte en el conflicto y en los problemas, dedicas páginas y páginas a describir la sala de estar del protagonista, a describir su coche, explicando además detalladamente cómo funcionaba la situación política de la época… sería un peñazo. De hecho es lo que hacen los malos autores de novela artística, perdón, histórica. Sin embargo, algunos escritores de ciencia-ficción y algunos lectores disfrutan un montón de esta creación del mundo, el famoso world building, del que tanto se habla ahora, igual que muchos espectadores en el cine disfrutan sobre todo de los grandes escenarios y los efectos especiales, aunque la historia sea estúpida o esté llena de agujeros. Es difícil, pero hay que intentar mantener siempre un equilibrio entre dar información, dar detalles y no pasarse para no aburrir. Concentrarse en lo que de verdad es fundamental, en lo que uno quiere contar y lo que la lectora o el lector quiere leer.
Selegna Bondariam.- Desde hace unos años los autores parecen muy interesados en escribir para ser adaptados a la pantalla. ¿Piensa que esto afecta al talante literario en general? ¿Puede haberse perdido cierta audacia en las publicaciones?
Elia Barceló.- Si, efectivamente, es una pregunta que me parece muy certera y muy interesante. Da la sensación de que ahora el cine o las series se han convertido en el rey narrativo por antonomasia y la cosa me parece detestable. No me gusta nada que cada vez sea más frecuente. Ahora, cuando sacas una novela, por ejemplo, la pregunta inmediata es si va a haber película, como si una novela no valiera nada en sí misma o muy poquito comparada con una película. Entonces, yo comprendo que muchos autores, con ese deseo de que los lleven al cine, o de que los lleven a televisión, tratan de facilitarles las cosas a posibles productores y posibles guionistas. Y cuando se ponen a escribir una novela ya lo tienen en cuenta. Así que, al final, lo que sale no es una novela si no un proyecto de otra cosa que ya no tiene mucho que ver con la literatura y con los desafíos que presenta la literatura. Quizá eso tenga relación con lo que decíamos hace un momento: hay un interés, a veces desmedido, por hacer dinero, y entonces la parte artística va siendo relegada a un segundo lugar. Entonces, con esta situación, nadie se atreve a hacer cosas realmente audaces, si después de tanto trabajo resulta que no consiguen venderlas. O, horror de los horrores, no consigue que un productor se interese porque esa novela pase a lo visual. Qué vamos hacer. Parece que la cosa va por modas y ahora da la sensación de que la moda es ponerlo en cine. Imagínate que te dijeran «oye ¿y no van a hacer un musical de tu novela o no se va a hacer una ópera de tu novela?». A mí, la verdad, me parece bastante tonto, pero lo mismo es que yo pienso a la antigua en ese tipo de cosas. Quién sabe.
Selegna Bondariam.- En las adaptaciones se emplean recursos que enriquecen la obra original a través de diversos aspectos. Fundamentalmente son visuales, pero desde los efectos sonoros hasta la música, hay unos rasgos que pueden definir el carácter de la producción. ¿Qué estilo musical le gustaría que tuvieran sus novelas si se llevaran al cine o la televisión?
Elia Barceló.- Uf, la pregunta sobre la música siempre es un auténtico problema para mí porque a mí me gusta la música —algunos tipos de música—, pero no es algo que forma parte absolutamente de mi mundo interior. Sé que en las películas es necesario que haya música para crear el ambiente, para conducir la emoción, pero a mí me interesa muchísimo más el cromatismo, me interesan más los colores. Los colores que se eligen para definir un tiempo, un ambiente, un lugar, unos personajes, eso parece mucho más importante. Y si piensas en una película, como por ejemplo Gattaca, ahí, cuando la recuerdas, por lo menos yo no me acuerdo en absoluto de que música tenía, pero si me acuerdo de los colores y de la sensación que me transmitían esos colores.
También es muy importante para mí el vestuario, el maquillaje de los actores y actrices. Eso sí que me parece absolutamente irrenunciable, me parece de lo más importante. Y luego, en mi caso, el problema es que cada novela que yo tengo es bastante distinta de las otras. Entonces, si se hiciera película de todas mis novelas, en cada una de ellas habría que buscar una música que trajera asociaciones, que trajera recuerdos al espectador, para poderlos situar realmente en el tiempo, en el espacio y en la sensación que se pretende crear. Porque en las películas, claro, no oímos pensar a los protagonistas. La música nos ayuda a saber qué emoción debemos sentir a partir de este momento. Es lo típico que, cuando entran los violines, es que se van a besar. Entonces el trabajo literario narrativo y el trabajo cinematográfico es una cosa muy diferente y es algo que tendría que hacer un profesional cuando hicieran una película sobre algo que he escrito yo.
Selegna Bondariam.- ¿Ha pensado alguna vez, mientras escribe, en la música que podría acompañar a sus obras? ¿Con qué banda sonora podrían leerse sus novelas de ciencia ficción?
Elia Barceló.- Continuando con lo que decía antes, yo, lo de la música, cuando trabajo, por ejemplo, no me sirve de nada. Conozco colegas que, primero se ponen en situación eligiendo una música, y luego se ponen a escribir oyendo ese disco, oyendo ese álbum. A mí, la música me distrae de lo que estoy escribiendo, no me deja concentrarme en lo que hago. Tampoco me gusta oír música cuando leo. Yo cuando oigo música, sólo hago eso. O a veces dibujó, plancho o alguna cosa así automática que no me ocupé el cerebro para poderme concentrar en lo que estoy escuchando.
Y luego, como mis historias, cada una es hija de su padre y de su madre, aunque todas las haya hecho yo, pues no se puede decir que haya un tipo de música concreta, que a mí me gustaría que se usara o que se podría usar. Yo, personalmente, oigo mucho, por ejemplo, a Leonard Cohen. Es uno de mis artistas favoritos, pero o no creo que se pudiera usar ni en un 10% de lo que escribo. En algunas cosas sí, pero en otras no. También oigo mucho a David Bowie y tampoco creo que funcionará en todas mis novelas. Entonces, pues como he dicho antes, lo más sensato sería, quizá, hablándolo conmigo o quizá sin hablarlo conmigo, que un profesional dijera «para esta escena necesitamos tal tipo de música».
A riesgo de pasarme de tiempo en la contestación, me gustaría nombrar que, uno de mis primeros y más impactantes recuerdos de la ciencia-ficción fue cuando fuimos mi padre y yo a ver 2001, como he contado antes. La escena maravillosa de cuando el hueso se transforma en la nave y empieza el Danubio azul, es algo increíble, me fascina, es algo que sigo pensándolo, y cuando todos los años, en el concierto de Año Nuevo de Viena, que yo lo veo todos los años, porque me encanta, empiezan a tocar el Danubio azul, yo veo esa imagen del espacio y la oscuridad total del espacio y las estrellas y la nave blanca yendo hacia el fin del sistema solar. Es algo maravilloso. Entonces sé el poder que tiene la música, pero a mí, seguramente, en aquella época, si yo hubiera tenido 30 años en aquella época, seguramente no se me había ocurrido poner el Danubio azul para para mostrar el espacio exterior y el viaje hacia más allá de nuestro sistema solar. Y me pareció genial. Me sigue pareciendo genial.
Selegna Bondariam.- ¿Puede avanzarnos en qué proyectos está trabajando en la actualidad?
Elia Barceló.- Proyectos yo tengo muchísimos. Yo soy una máquina de fabricar proyectos. Pero vamos, lo que de verdad estoy haciendo ahora y tengo que hacer y quiero hacer, es terminar la serie de novelas de Santa Rita, que empecé en el año 20, 21. O sea, que llevo casi cuatro años con ello. Hay tres novelas ya. Ya se publicaron Muerte en Santa Rita, Amores que matan y acaba, aún no ha salido, sale el día 11, La soga de cristal, que es la tercera. Entonces, ahora estoy trabajando en la cuarta. Ese es mi proyecto más más claro y más inmediato. Pero también estoy trabajando, digamos a ratos sueltos, voy compaginando las dos novelas, estoy trabajando en una novela fantástica que me hace mucha ilusión porque hacía tiempo que no escribía una novela fantástica. Bueno, no es verdad. No es verdad que haga tiempo que hice el Síndrome Frankenstein; hace apenas dos años y una que va a salir en México. Pero bueno, ésta me hace mucha ilusión, pero de momento no puedo o decir demasiado. Si dentro de un año he conseguido terminarla entonces ya contestaré todas las preguntas que me hagan porque es una novela que me apetece de verdad muchísimo.
Selegna Bondariam.- Recomiéndenos un par de libros, discos y películas para descubrir el arte inspirado en el cosmos.
Elia Barceló.- Ay, qué pregunta más difícil. Pero si, por lo que me parece, por lo que me acabas de preguntar, la cuestión está en el cosmos, así en cosas muy grandes y muy amplias y todo esto. Hablando de grandes escenarios, pues yo recomendaría, lógicamente, 2001, ya lo he dicho muchas veces, la película y la novela. También recomendaría muchísimo Hyperion, de Dan Simmons; la uno y como mucho, hasta las dos. Los demás ya no, pero la uno es una maravilla. La mano izquierda de la oscuridad, de Úrsula K. Lewin. A todo esto, 2001 de Arthur C. Clark, lógicamente. Contact, la novela y la película. Carl Sagan me hizo llorar con ese final y la película me emocionó muchísimo. Interestellar también es una película que me impresionó mucho. La llegada, Alien, Gravity. Es que hay muchísimas, hay demasiadas. Y luego, novelas ya he citado la de Dan Simmons. Hay muchas novelas que me gustan mucho, por ejemplo, de Connie Willis, aunque no usa grandes escenarios galácticos.
En español, por ejemplo, el Ciclo de Drímar, de Rodolfo Martínez. Es amplísima y grandísima y estupenda. Mundos en el abismo, de Juan Miguel Aguilera y Javier Bernal. Ya tiene sus años, pero sigue siendo muy buena. Y en música, me gusta, suena un poco tonto, pero eso de que cuando uno mete en YouTube música de las esferas, eso que sale me gusta. Y eso, hay veces que me ayuda a relajarme, y a veces incluso a tener ideas que van en esa dirección de lugares lejanos, del espacio, de sitios misteriosos y desconocidos. Oigo mucho también Ludovico Einaudi, sobre todo me gusta su Nightbook, a Keith Jarret, son dos pianistas maravillosos. Oigo música clásica también porque a mi marido le gusta mucho y entonces me enseña nuevas interpretaciones o nuevas versiones de los grandes clásicos, sobre todo, de Mozart y Beethoven. Y me gusta la música pop de los años 70, por ejemplo. Pero no, no es una música que yo use ni para escribir ni para inspirarme ni para nada así, sino para moverme y ser feliz y tener recuerdos de otras épocas.
Selegna Bondariam.- Muchas gracias y suerte en todos sus proyectos.
Elia Barceló.- Muchas gracias a vosotros por la invitación, por el interés y sobre todo a quienes hayan estado escuchando esto. Muchísimas gracias por estar ahí y por oír mis cosas; y ojalá os haya interesado y lo hayáis pasado bien. Hasta siempre. Muchas gracias
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